Ayer celebré mi primer cumpleaños en Los Angeles. Fue un día precioso,
para recordar. Amaneció hermoso, como siempre. Y me dediqué a celebrar
mi día. Desayuno tranquilo en el Starbucks, lectura del New York
Times. Hablar con mis padres por teléfono—el mejor regalo—... Emails y
llamadas de amigos... Luego me hice un regalo de material de pintura y
me fui a ver el partido de la Eurocopa, Alemania-Portugal. Lo escuché
sin sonido, con la música de mis películas favoritas a tope. Fue un
subidón y disfruté como un enano. Luego, a toda pastilla en mi
superbici a recoger la tarta que dejé encargada en la Panadadería
Guatemalteca. Pastel tres leches le llaman. Y con pastelón en una
bolsa colgando de una mano y subido a la bici, temperatura 30 grados,
y jugándome la piel me volví a casa (pequeño choque con un coche que
salía de un callejón sin mirar, como andan por aquí; menos mal que
tengo los reflejos y el equilibrio bien —será el Tai-Chi— porque logre
frenar y mantener el equilibrio sin que la tarta se me desparramara.
Le di un golpe en la puerta pero leve. "Hay que ir más despacio", me
dice el pavo que iba de copi. "Y tú a mirar dónde vas", le dije. No
pasó a mayores. Llegué a casa chorreando. Segunda ducha y a comer. A
un bistro francés que hay aquí; "Le Figaro". En la terraza, en la
calle. Calor pero a la sombra: me encanta. Me comí una ensalada con
queso de cabra, una copa de vinito blanco de Napa... y feliz de la
vida. Degustando, escribiendo cosas, leyendo el periódico. El cielo en
mi bolsillo. Cuando el sol empezó a colarse por debajo y quemarme las
puntas de los pies —estrenaba chancletas guapas— pagué, me levanté y
fui a la libreria. Compré un libro para una compañera de clase de
interpretación que creo que le vendrá bien y pa casa. Me bajé el
portátil a la piscina. Zambullida refrescante, tirada en la tumbona y
más musica en los cascos. Joder, esto es vida. El sol ya cayendo por
el Oeste se filtraba entre las palmeras y la cristalera que recubre la
pileta; los reflejos del agua eran como luces de discoteca suaves. A
las 5:30 para el apartamento. A cambiarme y a clase de interpretación
tartón en ristre. Clase —con buena charla y buen monólogo— pizza y a
comerse la tarta. Me cantaron el Happy Birthday, soplé la velita y
pedí mi deseo. A las 11 para casa con Dale (también está en clase); el
150, luego la Línea Roja y a las 11:50 estaba en Sunset y Vermont. Me
acerqué a comprar zumo, pero estaba el super cerrado ya. El Rite Aid
estaba abierto y entré a por agua. Y vi la heladería que tienen allí,
24 horas open. Habrá que acabar bien mi día pensé. Y me pedí dos bolas
de helado que resultaron ser enormes. Con mi agua, el trozo de
tarta que quedó metido en un tuper y mi helado me fui para casa. Me
senté en el pretil de fuera antes de entrar—qué rico estaba el helado—y me lo
zampé para dar por concluido este día tan precioso.
¡¡¡¡¡¡¡¡UUMMMMMMMMMMMMMMM!!!!!!!!! Que sean así por muchos años. Amén.
Friday, June 20, 2008
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment