Tuesday, February 19, 2008
MADRE NUESTRA QUE ESTAS EN LOS CIELOS...
EMPLOYEE MOTIVATION Y FUTBOL SALVADOREÑO
Una de las cosas que me hacen feliz en Los Angeles es está posibilidad que existe de mezclar y tener sensaciones y acciones, emociones y experiencias dispares y, de algún modo, enriquecedoras. Es una especie de macedonia de vivencias, muchas veces duras, pero a la larga gratificantes, aunque haya que exprimir el zumo y dejarlas fermentar hasta que pasado un tiempo, ofrecen su verdadero fruto.
Lo que tengo hoy no creo que suponga una lección tan elevada, pero sí es un pequeño ejemplo de las posibilidades que me llenan la vida por aquí—a falta del calor y la cercanía de los seres que me quieren. Employee Motivation es el título del corto que hice el pasado domingo. Es mi primer proyecto en LA y, sin ser ninguna maravilla desde el punto de vista técnico —el actoral es otra cosa, por supuesto, je, je— fue una buena experiencia que me permitió practicar y ejercitar algunas de mis armas y herramientas de actor. Es importante siempre estar entrenado y tener listos los resortes con que uno cuenta para resolver las situaciones y exigencias de un papel. Actuar no es muy distinto de practicar un deporte en el sentido de que hay que estar ágil, en forma para poder responder. Y por eso estos cortos son valiosos, porque permiten, como mínimo, dedicar varias horas a un proyecto y ejercitar nuestras herramientas. Y divertirse, claro, que es lo principal. Básicamente lo mío fue hacer varias escenas improvisando completamente el diálogo (monólogo en mi caso porque soy un conferenciante hablando a una audiencia). Y me lo pasé pipa porque me encanta improvisar situaciones y diálogos-monólogos. Y el director también se lo pasó bien a juzgar por las carcajadas que echaba, así que contento.
Lo peor es que me encontraba bastante cansado en las piernas debido al partido de fútbol que jugué el sabado a la noche en una de las canchas de tierra que hay en Griffith Park, cerca del Zoológico (no, desde el campo no se ven las jirafas). Resulta que hace una semana conocí de rebote a Edwin, un chico salvadoreño que lleva un equipo de compatriotas y mexicanos que juegan en una liga local. Total que al poco de empezar a hablar me preguntó si quería ir a verles jugar, dije que sí y en media hora me encontraba vestido con la camiseta del Chelsea y espinilleras, botas y media prestadas y ¡listo para jugar con su equipo! Y así empezó mi relación con la comunidad salvadoreña de Los Angeles. No sé cómo acabará, pero de momento hemos jugado dos partidos y, aparte de las rodillas doloridas y del choque lingüístico-cultural que supone ser el único güero y "gallego" de la plantilla, la cosa va bien. Me he erigido en un medio-centro tipo Xabi Alonso pero sin el toque largo (todo no se puede tener) medianamente apañado. Considerando que hace la tira y media de tiempo que no jugaba en una cancha que parecía el océano Atlántico de grande y yo una boya en medio y que mi entrenamiento consiste en caminar a la estación de metro todos los días, me doy por bastante satisfecho. Ah, y hemos ganado un partido 3-1 y perdido el otro 1-0. Decentillo.
Bueno, me voy a la cama, que ya es hora. Hasta pronto.
Subscribe to:
Posts (Atom)