de repente un periodista de la NBC que me encantaba. Un profesional
como la copa de una sequoia. Un tío que destilaba pasión por su
trabajo, por su familia, por sus amigos y por la vida. Tenía un
programa semanal todos los domingos, temprano. Yo me tenía que
levantar a las 7 de la mañana para verlo. No siempre lo hacía; a veces
pillaba parte de él. Otras veces le veía cuando entraba a comentar en
otros programas de sus compañeros de la tarde. Se llamaba Tim Russert.
Un ejemplo de periodista para cualquier estudiante. Cierto que también
cometió sus errores, como el 95% por ciento de sus colegas, cuando la
máquina propagandística de Bush hipnotizó a este país luego del 11-S.
Pero la perfección no existe. Y como no existe, yo me conformo con el
esfuerzo honesto y profesional para lograr informar y desenmascarar a
los mentirosos y farsantes que pueblan las filas políticas. Y Russert
era uno de, si no el mejor, de los que yo he conocido. Además era un
hombre vibrante, que desbordaba una pasión contagiosa por su trabajo y
las cosas de la vida que le hacían feliz. Y se notaba en cada programa
y en cada conexión para hablar de la campaña electoral USA.
Le dio un patatús con 58 tacos. Acababa de llegar de Italia de
celebrar con su mujer e hijo la graduación universitaria de éste.
Me dio mucha pena porque me pilló de sopetón cuando me enteré. Como he dicho, era un hombre que contagiaba entusiasmo. Y eso, en esta vida,
es una joya. La gente que es capaz de transmitir pasión, entusiasmo y
envolver a los demás con un poco o un mucho de ilusión, de chispa, son
joyas. Cuando se van no sólo pierden sus familias y amigos. El mundo
entero pierde algo. Es una energía hermosa que se va. Bueno, no se va,
pero desaparece.
Y ese domingo le hicieron un homenaje algunos de sus antiguos
compañeros en el mismo estudio y a la misma hora de su programa. Fue
muy emocionante, aunque no angustioso, porque los que estaban allí
supieron manejar la emoción con clase (aunque el director, Tom Brokaw,
una institución del periodismo USA, casi se rompe en un momento dado).
El caso es que todo eso me dejó un poco tocado. Y luego la Real no
sube. Ya me lo esperaba, pero también contribuyó a la tristeza.
Además, este finde he visto varias películas españolas fantásticas.
Después del atracón emocional de "13 Rosas", el sábado noche vi
"Caótica Ana" y "Soledad". Me gustaron las dos, pero "Ana" me encantó.
Es una obra de arte en toda regla. El trabajo de María Vellés es
entrañabale y directo, y el de Medem, magistral. También me dejó tocado.
En fin. Que he andado con la sensibilidad a flor de piel. Además, por
la noche tuve función y, quizás por eso, fue la mejor que he tenido hasta ahora, no
sólo por mi, sino por el resto del elenco. Fue la primera vez que me
he "divertido" de verdad en el escenario con este trabajo. Me lo pasé pipa y me
quedé contentísimo. Vinieron a verme mis amigos Celine y Arturo, que
son una maravilla de gente. Se casan el 8 de Agosto y vamos a tener un
fiestorro monumental. Ya os iré contando.
Entremedias, ese mismo día fui con mi colega Austin a ver el partido
internacional USA-Barbados, clasificatorio para la Copa del Mundo de
2010. Fue una pachanguilla medio soporífera. 8-0 ganó USA. Pero por lo
menos vimos un partido internacional, que siempre está bien. Por
ejemplo el 8-0 es un récord para USA. O sea, que puedo decir aquello
de: "Yo estuve allí". En mi línea, vamos. (Y en señal de amor por los
colores me fui con la camiseta de la Real. En primera o en segunda,
somos de la Real hasta la muerte. ¡Qué coño!)
Luego, antes de irme al teatro nos dimos un homenaje de comida
mexicana en Ana's Kitchen, que no tiene nada ver con la caótica, pero
tienen unos burritos mojados de chuparse los nudillos. Parecía que
estábamos en Chiapas. Así es L.A.
Bueno, gente. Un beso y hasta pronto.
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