Friday, December 4, 2009

CRÓNICAS ANGELINAS DE FICCIÓN (4)

Resumen de lo publicado: Estoy en Torrance rodando una película en una azotea. Pero del miedo que me dio pierdo la noción de lo que
ocurre hasta que me veo en una azotea, vestido de negro, de noche y
rodeado de gente trabajando.
 Estoy en medio del "set" a cincuenta y pico metros de altura. 
Acabo de rodar y estoy ya preparado para bajar y largarme de allí. 


Empiezo el descenso y me aferro como una lapa al eje de la estrechísima escalera de caracol que desciende como un sacacorchos hasta las profundidades de este hangar odioso. Bajo con la cabeza girada hacia el centro; una mirada al abismo puede ser fatal. El vértigo no es físico, es mental, y las palmas de las manos sudan como la piel de un pollo al horno. Maldito Rick. Si llego a saber que tengo que subir —y bajar— por aquí para hacer esta peli, encima sin cobrar, iba a venir Rita. Con todo esto en la cabeza, bajo a toda la velocidad que puedo hasta que al final toco fondo, tierra, cemento, suelo firme. 

"¿Cómo fue ahí arriba?", me pregunta Rick desde su silla de ruedas. "Me han dicho que has estado fenomenal". 

"Pues me alegro. Me habrá ayudado la anestesia provocada por el pánico a subir". "Si llego a saber que había esto", le digo apuntando a la escalera,"no vengo ni por el forro; me tendrás que pagar algo por el riesgo asumido". Lo digo medio en broma pero muy en serio. Rick me mira con un rictus de incredulidad; no sabe si estoy de bacile o va de veras: eso es lo cojonudo de la gente que quiere que trabajes gratis: lo haces y encima se medio rebotan si insinúas que se han pasado. Bueno, esta es la última que hago de estas, sin cobrar y de medio pelo. A lo mejor la peli sale bien al final (mis escenas estaban bastante bien), pero s'acabao como diría el castizo. Después de haber pasado este susto, mi caché ha subido como la espuma. Y si no, ATPC. "Hasta luego Rick", le digo mientras me alejo hacia la puerta. "¿Quieres venirte a cenar?", me pregunta, un poco como consolación a mi esfuerzo. Se lo agradezco pero le digo que no. "¿Te espera alguien, eh?" Suelta una risita. "Claro", le digo sin querer dar explicaciones. Y me voy. Cuando llegue a mi nuevo apartamento no habrá nadie esperando, sólo el espacio y la música clásica que he dejado puesta para llenarlo. Hoy por hoy es compañía suficiente. THE END.