Monday, July 28, 2008

Sunday, July 27, 2008

LAS COSAS, CÓMO SON

Escribo desde Eldorado, un barrio de Lamy al lado de Santa Fe, estado
de Nuevo México. Llegué ayer en tren desde Los Angeles, después de 20
horas de viaje que se me pasaron volando. Estoy en casa de mis amigos
Arturo y Celine, dos magníficas personas que llevan dos años
invitándome a ir su casa, hasta que al final ha sucedido.
Tranquilidad. Paz. Campo. Silencio. Naturaleza. Todo lo que busco.
Todo lo contrario que tengo en Los Angeles. Llevo un quemado enorme
después de cinco meses en LA. Muy duro se está haciendo. Por un lado
estoy haciendo bastantes cosas y más o menos me he "integrado" en la
industria. Pero no sé si eso es más malo que bueno, porque te puedes
encasquillar en una rutina que deja de ser productiva. Luego las
decepciones afloran: la audición deseada que se esfuma en 30 segundos
como una broma de mal gusto, problemas con el apartamento, con la
cama, meses sin dormir 8 horas ni por el forro. Currar y sacrificarse
para tener una opción a poder currar como actor. Y aparte de eso hay
que currar para vivir, claro. Y vivir lo que se pueda. Se va
acumulando todo y, al final, uno no sabe qué hacer, cómo hacerlo y si
hacerlo. Surgen las dudas, las frustraciones, la inseguridad, la
rabia, la determinación, el cansancio, la idea de la derrota y la
rebelión contra ella. O no.

Y en esas estamos en Santa Fe. Respirando. Pensando; sin pensar.
Escuchando al viento y observando los rayos de la tormenta sobre el
horizonte. Arbustos, árboles, galerías de arte, tierra, casas de adobe
y cielos azules preñados de oleadas de nubes que se alzan como
cañones, profundos como el del Colorado. Soplos de cambio parecen
rodearme. Por algún lado tiene que salir todo. La respuesta, en el aire.