1993 antes del entrenamiento. Los Denver Nuggets habían descalabrado a
los Seattle Supersonics de Detleff Schrempff, Payton and Co. la noche
anterior en su caminio hacia la mayor derrota de la historia en los
playoffs de la NBA y los Nuggets se preparaban para jugar el quinto y
definitivo partido en Seattle. Bickerstaff apareció con un vaso de
café mientras los jugadores se estiraban. El ambiente era serio,
profesional; Mutombo estaba sentado en el banco más bajo de la grada
corrediza, y yo husmeaba por allí antes de ir a clase de Economía
Internacional o Política del Medio Oriente, no me acuerdo muy bien.
"Maintain, we gotta maintain" (Mantener, tenemos que mantener),
repetía Bickerstaff dirigiéndose hacia Mutombo. Se refería a la
intensidad, la concentración. No se podían relajar. Había sido una
temporada larga y emocionante. Los Nuggets habían entrado en los
playoffs aferrándose a la última posición como un alpinista se agarra
a la escala que le separa del abismo. Y ahora estaban a punto de
eliminar al mejor equipo de toda la temporada y máximo favorito para
el título. Los Nuggets habían pasado de ser el peor equipo de la liga
un par de años antes a ser un club divertido de ver, estimulante...y
muy peligroso. Ellis, Williams, Abdul-Rauf, Pack, Slater, Rogers,
Mutombo, el otro Willimas, el luego malogrado Bison Dele...Un equipo
hambriento, sin nada que perder. Nadie daba un duro por ellos y
estaban a punto de dar la sorpresa. Nunca lo hubieran imaginado, o
quizás ellos sí, pero nadie de la liga ni de su entorno. De todos
modos, una cosa era oler el éxito y otra atraparlo. No se podía perder
la concentración. Faltaba lo más difícil. Por eso el entrenador llegó
aquel día y no dijo nada especialmente motivador, ni pasional, ni
repartió grandes disertaciones técnicas. Tan sólo una cosa muy
sencilla, y tan difícil: "Maintain, we gotta maintain".
Me ha venido esto a la cabeza hoy reflexionando sobre mi aventura
angelina. En este año y poco que llevo aquí la experiencia se parece
más a una montaña rusa que a la Ruta 66 de la películas; más una
travesía del desierto que un paseo por la playa; más una triatlón de
montaña que al Camino de Santiago. No es que yo esté a punto de
eliminar a ningún equipo de élite ni haya llegado al umbral de la
sorpresa mundial. Pero sí percibo esa sensación de superación de
obstáculos y la aparición de nuevos. Todos los días un reto, por lo
menos, como los plátanos de Canarias. Y muchas veces suena en el
cerebro la voz de la renuncia, la que dice que no merece la pena y que
es mejor parar, volver, irse. ¿A dónde? No lo sabe, pero parar. Luego
surge otra voz, un eco: "Maintain, you gotta maintain". El éxito no
está asgurado, pero si hemos llegado hasta aquí, vamos a apurar un
poco más el esfuerzo. Vamos a mantener un poco más. A ver hasta dónde.
No conocemos nuestros límites. Un poco más. Maintain. Maintain.
Mutombo y los suyos eliminaron a Seattle en un partido memorable que
acabó con Dik tumbado en el suelo, llorando con un balón entre las
manos. Posteriormente los Nuggets estuvieron a punto de eliminar a Utah
Jazz, a quienes llevaron al límite de 7 partidos en una eliminatoria
memorable que me dejó recueros increíbles. Nuggets no ganó el título,
pero llegó a lo máximo de su capacidad e incluso la superó. Al fin y al cabo, eso es el
éxito. Mantengamos. Un poco más.