Tuesday, July 1, 2008

FIESTAS DE SANTA ISABEL

Estos días son las fiestas de Santa Isabel, las de Zumarraga. Mañana
día grande. Llevo tiempo sin poder dormir ocho horas seguidas. No sé
si es el colchón, la luz (para las 5 está amanecido), lo que como, o
qué. O la energía que tengo, que es mucha. Pero también se dispersa.
Hay que tener cuidado para no perder el norte. El norte. Traducciones
presentes —la que estoy haciendo es lo peor que he tenido que hacer en
ese frente—, traducciones futuras, o no; negociaciones; malosentendidos;
conflictos; preocupación; helicópteros; ambulancias; autobuses; pesadillas; sueño; apartamento extraño; representantes de plástico, o no;
profesores de cristal, o no; decepciones; castings, o no; trabajos, o
no; alegrías que compartir; nadie con quien hacerlo; tristeza que
aliviar; apenas poder; gotas telefónicas de cariño; calor de
sol; verde de árbol; plantas fieles; abejas enjauladas; mariposas
invisibles; algo, por favor, no sé qué; o quizás sí; soledad, pero no;
naúsea; aromas; olores desconocidos; falta de aire; océanos turbios de
palabras; corales afilados; embarcaciones frágiles para no estrellarse; torbellino; algún faro. Siempre un faro. Aunque duela...

Sunday, June 29, 2008

ESPAÑA GANA LA EUROCOPA DE FÚTBOL

Mi primer recuerdo es para mi colega Rafa, con quien he compartido momentos muy importantes, futboleros y no, en nuestro kerido Brooklyn. Rafa, al fin.  Atrás se quedan Nigerias, Francias, Italias, Coreas y tantos otros desengaños. Increíble pero cierto. España gana una copa...y jugando como hay que jugar. Y ganando a quien hay que ganar. Un abrazote, chaval.

Hay mucha gente que no entiende esto del fútbol. Muchos critican los salarios estrambóticos, las fichas astronómicas, la incultura de tantos borregos que acuden a los campos a desfogar frustración, etc. Y mucho de eso es criticable. Dirigentes incompetentes, partidos aburridos, jugadores endiosados, un deporte que sirve de excusa/refugio para la insatisfacción en la vida personal de muchas personas. El deporte, y el fútbol en particular, tiene todos esos componentes. Pero hay otro, que es el fundamental en mi opinión. La pasión. El fútbol une naciones, países, gentes de diversas razas, continentes, estratos, ilusiones y esperanzas. El fútbol puede ser una fiesta. Y cuando se juega con destreza y determinación puede ser una obra de arte. Pocas cosas hay en el devenir humano más hermosas que un grupo de personas unidas en torno a un objetivo común, unidas desde la solidaridad, el compañerismo, la entrega, el sacrificio y el amor. Para bien o para mal, el deporte casi siempre sintetiza lo mejor de estos valores cuando un atleta o un equipo gana, triunfa, se alza con una medalla o, simplemente, acaba una maratón. Es como un microcosmos de la vida, y a todos en la vida nos gusta ganar. Lo que pasa es que la mayoría no somos conscientes de todo lo que hay que hacer para ganar. Muchos no sabemos qué hay que hacer, pero cuando lo vemos sabemos que ESO ES. Entonces es cuando el corazón se colma de una sensación hermosa, de plenitud.

Quizás esta especie de panegírico pueda ser excesivo en relación con un grupo de chavales que se gana la vida majestuosamente dando patadas a una bola de cuero sintético. Y a más de uno le parecerá extraño que se refiera a España. Da lo mismo. Lo importante es que es verdad. Es verdad para quien conoce el deporte; para quien conoce la idiosincrasia de cualquier empresa colectiva; para quien está embarcado en su propia empresa de desarrollo personal. El deporte, como el arte, puede ser un "opio" cegador. Y la política. Y los toros. Y la comida. Y los coches. Y las dietas. Y la Bolsa. Y el irse de poteo. Y el leer libros sin pensar en lo que dicen. Todo puede ser una excusa para la irresponsabilidad personal. Pero también puede ser una herramienta para conectar con lo mejor de nosotros mismos. Para saber agradecer los regalos que tenemos de la vida. Para entablar relación con la pasión como energía de vida —no como profusión de acciones descarriadas— y utilizar ese vínculo como catapulta para conquistar nuestros propios retos, nuestros triunfos personales.

Y cuando somos testigos de una victoria, de un logro que es capaz de tocar y de inspirar a tanta gente, a un país, a personas de todo el mundo, es inevitable recurrir a las mejores metáforas e imágenes. Hay mucha gente que mezcla política con todo, como una ensalada sinequanon. No es bueno. La política en pequeño, como abunda, desgraciadamente, en España es algo mezquino que vulgariza los espíritus y las aspiraciones. No merece la pena hablar más de ello aquí.

Los chavales que representan a España, en el sentido más amplio de la palabra, han ganado hoy y me alegro muchísimo. Porque desde que la selección de basket ganó el mundial tenemos más cerca las emociones desde las que surgen —y las ilusiones que alimentan— las victorias colectivas en buena lid. Me quedo con las palabras del Guaje Villa. "Gracias, gracias, y gracias". De eso se trata. De prepararse, de luchar con nobleza competitiva, de confiar en uno mismo y en el compañero, de entregarse, de sacrificarse cuando hace falta. Y de utilizar el talento propio al máximo, sin que se desparrame una sola gota. Todo. Y, se gane o se pierda, reconocer y agradecer a todos los que nos regalan con su apoyo, su ilusión, su fe: "Es para vosotros". Hablo de fútbol. Hablo de familias. Hablo de carreras profesionales. Hablo de retos personales. Hablo de amigos. Hablo de parejas. Hablo de pueblos.

Nada sale de la nada. Todo lo bueno que disfrutamos se sostiene sobre alguna pata que proviene de lo que otros han hecho antes. Como personas; como ciudadanos; como miembros de un equipo; como artistas; todo lo bueno que tenemos en la vida tiene alguna semilla plantada en el trabajo, en el esfuerzo, en la entrega de alguien que nos ha precedido. Yo creo que detrás de todo gran triunfo, de todo gran logro hay un reconocimiento de este hecho. Por eso las primeras palabras que salen de la boca de todos los grandes ganadores son: Gracias. Gracias. Gracias.

Y mi reconocimiento y aprecio a los buenos perdedores. Saber ganar es muy difícil. Saber perder, más. Chapeu a los jugadores alemanes por su clase, por aguardar en el campo mientras los españoles celebraban. Ni desbandada, ni malos modos, ni cabreos infantiles. Tristeza de perder, sí. Pero con elegancia y reconocimiento al ganador. Categoría.

Qué bien.