Hay una mosca rondando por aquí toda la noche. Se sienta en el cable
del ordenador y me mira. Se está dando un baño de rayos UVA bajo la
lámpara. Acojonante. Ni se escapa ni nada. Se "limpia" las piernas y
me mira, como los gatos. Nunca habría imaginado que tendría una mosca
mascota. Flipping...
Thursday, July 10, 2008
SANTA FE
Santa Fe es lo que hace falta para superar los obstáculos que surgen a
diario. Algunos lo llaman instinto de supervivencia, pero yo creo que
no es lo mismo. Supervivencia es mantenerse vivo. Tener fe es
mantenerse vivo para algo. Me surge esta reflexión a cuento de que, si
Dios quiere, me voy a Santa Fe unos días a fin de mes. Mis amigos
Celine y Arturo tienen allá una casa y me han invitado a ir. Santa Fe
está en Nuevo México, o sea aquí al lado, apenas unos 1300
kilómetros, o 22 horas de viaje que me voy a deglutir entre pecho y
espalda. Voy en tren. Podía haber ido en avión, más barato incluso,
pero quiero tener la experiencia de viajar en tren en este país,
especialmente por el Oeste, porque esto ES el Oeste, no tan salvaje
como hace ciento y pico años, pero tampoco mucho menos. Santa Fe
promete. Dicen que es una ciudad hermosa, repleta de artistas,
encajada entre montañas, un enclave ideal para desconectar. Y
desconectar necesito porque estoy con un fusible quemado y necesito
reparación. Todavía quedan un par de semanas. Media vida. O entera
dirán algunos. Tantas cosas pueden pasar. "Quién sabe lo que traerá la
marea a la orilla", dice Chuck Noland, el personaje de Tom Hanks en
"Náufrago". Pues eso, quién sabe. Por eso, aunque las cosas se nos
pongan feas, siempre hay que tener fe. Santa o no santa, pero fe.
diario. Algunos lo llaman instinto de supervivencia, pero yo creo que
no es lo mismo. Supervivencia es mantenerse vivo. Tener fe es
mantenerse vivo para algo. Me surge esta reflexión a cuento de que, si
Dios quiere, me voy a Santa Fe unos días a fin de mes. Mis amigos
Celine y Arturo tienen allá una casa y me han invitado a ir. Santa Fe
está en Nuevo México, o sea aquí al lado, apenas unos 1300
kilómetros, o 22 horas de viaje que me voy a deglutir entre pecho y
espalda. Voy en tren. Podía haber ido en avión, más barato incluso,
pero quiero tener la experiencia de viajar en tren en este país,
especialmente por el Oeste, porque esto ES el Oeste, no tan salvaje
como hace ciento y pico años, pero tampoco mucho menos. Santa Fe
promete. Dicen que es una ciudad hermosa, repleta de artistas,
encajada entre montañas, un enclave ideal para desconectar. Y
desconectar necesito porque estoy con un fusible quemado y necesito
reparación. Todavía quedan un par de semanas. Media vida. O entera
dirán algunos. Tantas cosas pueden pasar. "Quién sabe lo que traerá la
marea a la orilla", dice Chuck Noland, el personaje de Tom Hanks en
"Náufrago". Pues eso, quién sabe. Por eso, aunque las cosas se nos
pongan feas, siempre hay que tener fe. Santa o no santa, pero fe.
SALT OF THE SEA
Este es el título del corto que empiezo a rodar mañana. Cuando esté
hecho cuento más. No quiero gafarlo.
hecho cuento más. No quiero gafarlo.
Tuesday, July 1, 2008
FIESTAS DE SANTA ISABEL
Estos días son las fiestas de Santa Isabel, las de Zumarraga. Mañana
día grande. Llevo tiempo sin poder dormir ocho horas seguidas. No sé
si es el colchón, la luz (para las 5 está amanecido), lo que como, o
qué. O la energía que tengo, que es mucha. Pero también se dispersa.
Hay que tener cuidado para no perder el norte. El norte. Traducciones
presentes —la que estoy haciendo es lo peor que he tenido que hacer en
ese frente—, traducciones futuras, o no; negociaciones; malosentendidos;
conflictos; preocupación; helicópteros; ambulancias; autobuses; pesadillas; sueño; apartamento extraño; representantes de plástico, o no;
profesores de cristal, o no; decepciones; castings, o no; trabajos, o
no; alegrías que compartir; nadie con quien hacerlo; tristeza que
aliviar; apenas poder; gotas telefónicas de cariño; calor de
sol; verde de árbol; plantas fieles; abejas enjauladas; mariposas
invisibles; algo, por favor, no sé qué; o quizás sí; soledad, pero no;
naúsea; aromas; olores desconocidos; falta de aire; océanos turbios de
palabras; corales afilados; embarcaciones frágiles para no estrellarse; torbellino; algún faro. Siempre un faro. Aunque duela...
día grande. Llevo tiempo sin poder dormir ocho horas seguidas. No sé
si es el colchón, la luz (para las 5 está amanecido), lo que como, o
qué. O la energía que tengo, que es mucha. Pero también se dispersa.
Hay que tener cuidado para no perder el norte. El norte. Traducciones
presentes —la que estoy haciendo es lo peor que he tenido que hacer en
ese frente—, traducciones futuras, o no; negociaciones; malosentendidos;
conflictos; preocupación; helicópteros; ambulancias; autobuses; pesadillas; sueño; apartamento extraño; representantes de plástico, o no;
profesores de cristal, o no; decepciones; castings, o no; trabajos, o
no; alegrías que compartir; nadie con quien hacerlo; tristeza que
aliviar; apenas poder; gotas telefónicas de cariño; calor de
sol; verde de árbol; plantas fieles; abejas enjauladas; mariposas
invisibles; algo, por favor, no sé qué; o quizás sí; soledad, pero no;
naúsea; aromas; olores desconocidos; falta de aire; océanos turbios de
palabras; corales afilados; embarcaciones frágiles para no estrellarse; torbellino; algún faro. Siempre un faro. Aunque duela...
Sunday, June 29, 2008
ESPAÑA GANA LA EUROCOPA DE FÚTBOL
Mi primer recuerdo es para mi colega Rafa, con quien he compartido momentos muy importantes, futboleros y no, en nuestro kerido Brooklyn. Rafa, al fin. Atrás se quedan Nigerias, Francias, Italias, Coreas y tantos otros desengaños. Increíble pero cierto. España gana una copa...y jugando como hay que jugar. Y ganando a quien hay que ganar. Un abrazote, chaval.
Nada sale de la nada. Todo lo bueno que disfrutamos se sostiene sobre alguna pata que proviene de lo que otros han hecho antes. Como personas; como ciudadanos; como miembros de un equipo; como artistas; todo lo bueno que tenemos en la vida tiene alguna semilla plantada en el trabajo, en el esfuerzo, en la entrega de alguien que nos ha precedido. Yo creo que detrás de todo gran triunfo, de todo gran logro hay un reconocimiento de este hecho. Por eso las primeras palabras que salen de la boca de todos los grandes ganadores son: Gracias. Gracias. Gracias.
Y mi reconocimiento y aprecio a los buenos perdedores. Saber ganar es muy difícil. Saber perder, más. Chapeu a los jugadores alemanes por su clase, por aguardar en el campo mientras los españoles celebraban. Ni desbandada, ni malos modos, ni cabreos infantiles. Tristeza de perder, sí. Pero con elegancia y reconocimiento al ganador. Categoría.
Qué bien.
Hay mucha gente que no entiende esto del fútbol. Muchos critican los salarios estrambóticos, las fichas astronómicas, la incultura de tantos borregos que acuden a los campos a desfogar frustración, etc. Y mucho de eso es criticable. Dirigentes incompetentes, partidos aburridos, jugadores endiosados, un deporte que sirve de excusa/refugio para la insatisfacción en la vida personal de muchas personas. El deporte, y el fútbol en particular, tiene todos esos componentes. Pero hay otro, que es el fundamental en mi opinión. La pasión. El fútbol une naciones, países, gentes de diversas razas, continentes, estratos, ilusiones y esperanzas. El fútbol puede ser una fiesta. Y cuando se juega con destreza y determinación puede ser una obra de arte. Pocas cosas hay en el devenir humano más hermosas que un grupo de personas unidas en torno a un objetivo común, unidas desde la solidaridad, el compañerismo, la entrega, el sacrificio y el amor. Para bien o para mal, el deporte casi siempre sintetiza lo mejor de estos valores cuando un atleta o un equipo gana, triunfa, se alza con una medalla o, simplemente, acaba una maratón. Es como un microcosmos de la vida, y a todos en la vida nos gusta ganar. Lo que pasa es que la mayoría no somos conscientes de todo lo que hay que hacer para ganar. Muchos no sabemos qué hay que hacer, pero cuando lo vemos sabemos que ESO ES. Entonces es cuando el corazón se colma de una sensación hermosa, de plenitud.
Quizás esta especie de panegírico pueda ser excesivo en relación con un grupo de chavales que se gana la vida majestuosamente dando patadas a una bola de cuero sintético. Y a más de uno le parecerá extraño que se refiera a España. Da lo mismo. Lo importante es que es verdad. Es verdad para quien conoce el deporte; para quien conoce la idiosincrasia de cualquier empresa colectiva; para quien está embarcado en su propia empresa de desarrollo personal. El deporte, como el arte, puede ser un "opio" cegador. Y la política. Y los toros. Y la comida. Y los coches. Y las dietas. Y la Bolsa. Y el irse de poteo. Y el leer libros sin pensar en lo que dicen. Todo puede ser una excusa para la irresponsabilidad personal. Pero también puede ser una herramienta para conectar con lo mejor de nosotros mismos. Para saber agradecer los regalos que tenemos de la vida. Para entablar relación con la pasión como energía de vida —no como profusión de acciones descarriadas— y utilizar ese vínculo como catapulta para conquistar nuestros propios retos, nuestros triunfos personales.
Y cuando somos testigos de una victoria, de un logro que es capaz de tocar y de inspirar a tanta gente, a un país, a personas de todo el mundo, es inevitable recurrir a las mejores metáforas e imágenes. Hay mucha gente que mezcla política con todo, como una ensalada sinequanon. No es bueno. La política en pequeño, como abunda, desgraciadamente, en España es algo mezquino que vulgariza los espíritus y las aspiraciones. No merece la pena hablar más de ello aquí.
Los chavales que representan a España, en el sentido más amplio de la palabra, han ganado hoy y me alegro muchísimo. Porque desde que la selección de basket ganó el mundial tenemos más cerca las emociones desde las que surgen —y las ilusiones que alimentan— las victorias colectivas en buena lid. Me quedo con las palabras del Guaje Villa. "Gracias, gracias, y gracias". De eso se trata. De prepararse, de luchar con nobleza competitiva, de confiar en uno mismo y en el compañero, de entregarse, de sacrificarse cuando hace falta. Y de utilizar el talento propio al máximo, sin que se desparrame una sola gota. Todo. Y, se gane o se pierda, reconocer y agradecer a todos los que nos regalan con su apoyo, su ilusión, su fe: "Es para vosotros". Hablo de fútbol. Hablo de familias. Hablo de carreras profesionales. Hablo de retos personales. Hablo de amigos. Hablo de parejas. Hablo de pueblos.
Quizás esta especie de panegírico pueda ser excesivo en relación con un grupo de chavales que se gana la vida majestuosamente dando patadas a una bola de cuero sintético. Y a más de uno le parecerá extraño que se refiera a España. Da lo mismo. Lo importante es que es verdad. Es verdad para quien conoce el deporte; para quien conoce la idiosincrasia de cualquier empresa colectiva; para quien está embarcado en su propia empresa de desarrollo personal. El deporte, como el arte, puede ser un "opio" cegador. Y la política. Y los toros. Y la comida. Y los coches. Y las dietas. Y la Bolsa. Y el irse de poteo. Y el leer libros sin pensar en lo que dicen. Todo puede ser una excusa para la irresponsabilidad personal. Pero también puede ser una herramienta para conectar con lo mejor de nosotros mismos. Para saber agradecer los regalos que tenemos de la vida. Para entablar relación con la pasión como energía de vida —no como profusión de acciones descarriadas— y utilizar ese vínculo como catapulta para conquistar nuestros propios retos, nuestros triunfos personales.
Y cuando somos testigos de una victoria, de un logro que es capaz de tocar y de inspirar a tanta gente, a un país, a personas de todo el mundo, es inevitable recurrir a las mejores metáforas e imágenes. Hay mucha gente que mezcla política con todo, como una ensalada sinequanon. No es bueno. La política en pequeño, como abunda, desgraciadamente, en España es algo mezquino que vulgariza los espíritus y las aspiraciones. No merece la pena hablar más de ello aquí.
Los chavales que representan a España, en el sentido más amplio de la palabra, han ganado hoy y me alegro muchísimo. Porque desde que la selección de basket ganó el mundial tenemos más cerca las emociones desde las que surgen —y las ilusiones que alimentan— las victorias colectivas en buena lid. Me quedo con las palabras del Guaje Villa. "Gracias, gracias, y gracias". De eso se trata. De prepararse, de luchar con nobleza competitiva, de confiar en uno mismo y en el compañero, de entregarse, de sacrificarse cuando hace falta. Y de utilizar el talento propio al máximo, sin que se desparrame una sola gota. Todo. Y, se gane o se pierda, reconocer y agradecer a todos los que nos regalan con su apoyo, su ilusión, su fe: "Es para vosotros". Hablo de fútbol. Hablo de familias. Hablo de carreras profesionales. Hablo de retos personales. Hablo de amigos. Hablo de parejas. Hablo de pueblos.
Nada sale de la nada. Todo lo bueno que disfrutamos se sostiene sobre alguna pata que proviene de lo que otros han hecho antes. Como personas; como ciudadanos; como miembros de un equipo; como artistas; todo lo bueno que tenemos en la vida tiene alguna semilla plantada en el trabajo, en el esfuerzo, en la entrega de alguien que nos ha precedido. Yo creo que detrás de todo gran triunfo, de todo gran logro hay un reconocimiento de este hecho. Por eso las primeras palabras que salen de la boca de todos los grandes ganadores son: Gracias. Gracias. Gracias.
Y mi reconocimiento y aprecio a los buenos perdedores. Saber ganar es muy difícil. Saber perder, más. Chapeu a los jugadores alemanes por su clase, por aguardar en el campo mientras los españoles celebraban. Ni desbandada, ni malos modos, ni cabreos infantiles. Tristeza de perder, sí. Pero con elegancia y reconocimiento al ganador. Categoría.
Qué bien.
Sunday, June 22, 2008
UN CACHITO DE TU CORAZON
Es el título de una canción de Maná que acabo de escuchar. Me encanta
Maná. Acabo de bajar de la terraza de pasar una velada muy hermosa con
mis amigos Celine y Arturo. Era mi celebración cumpleañera con amigos.
Al final sólo han venido ellos, pero ha sido más que suficiente. Unas
cervezas, un poco de pan de pita, humus, y olivas griegas. Atardecer
tras las colinas, cielo azul transformado en violeta, estrellas
arriba, el ruido de la ciudad abajo y una conversación. Poco más se
puede pedir. Un poco de música. Una vez leí de un director de
orquesta rumano que decía que la música es la sangre del universo, o
algo así. Qué cierto es. A mi me gusta mucho el silencio. Amo el
silencio. Viviría en silencio. Pero el silencio es como las venas, el
tejido celular por el que circula el sonido, la música que nutre el
corazón de vida. A veces esas venas quedan bloqueadas por el
colesterol del ruido. Otras veces la placa se limpia con la sangre
pura de la música. Ni soy místico ni filósofo. Pero la música es la
sangre que, de alguna manera, nos conecta con los dioses. Nos lleva a
estadios de sensibilidad indescriptibles que trascienden los
sentimientos animales del hombre. ¿A dónde van a morir las libélulas?
¿Dónde van a morir las golondrinas? ¿Buscan también las tablas como
hacen los toros y los humanos para morir en paz? ¿Por qué brotan los
limones? ¿Y las moras en las zarzas? ¿Qué fuerza intangible hace que
una nada se transforme en bulbo y éste en un fruto? No me creo nada.
Un aplauso al Universo, supremo bromista y dios de la vida y
la muerte. Pero no olvidemos que...No sé, se me olvida qué iba a
escribir. Es lo que pasa; la música me hipnotiza y pierdo la cuerda
de la costumbre...la costumbre, esa cuerda de esparto que se ajusta al
cuello y nos tira como a esclavos antes de subir al barco traficante.
Mañana será otro día. Sí, si se vive. Para los que no despiertan, no.
Y para los que están dormidos, da igual que amanezca porque seguirán
en la oscuridad. Más o menos como los demás, pero un poco más lejos de
la luz. O eso dicen algunos. Repito que no soy místico, ni muchísimo
menos. Por favor. Pero algo hay que pensar. Algo hay que creer. Sí. De
ésta sale un guión. Ay, pero los guiones hay que escribirlos, no basta con
pensarlos. O sea, como la vida, que hay que vivirla, no sólo imaginarla .
Maná. Acabo de bajar de la terraza de pasar una velada muy hermosa con
mis amigos Celine y Arturo. Era mi celebración cumpleañera con amigos.
Al final sólo han venido ellos, pero ha sido más que suficiente. Unas
cervezas, un poco de pan de pita, humus, y olivas griegas. Atardecer
tras las colinas, cielo azul transformado en violeta, estrellas
arriba, el ruido de la ciudad abajo y una conversación. Poco más se
puede pedir. Un poco de música. Una vez leí de un director de
orquesta rumano que decía que la música es la sangre del universo, o
algo así. Qué cierto es. A mi me gusta mucho el silencio. Amo el
silencio. Viviría en silencio. Pero el silencio es como las venas, el
tejido celular por el que circula el sonido, la música que nutre el
corazón de vida. A veces esas venas quedan bloqueadas por el
colesterol del ruido. Otras veces la placa se limpia con la sangre
pura de la música. Ni soy místico ni filósofo. Pero la música es la
sangre que, de alguna manera, nos conecta con los dioses. Nos lleva a
estadios de sensibilidad indescriptibles que trascienden los
sentimientos animales del hombre. ¿A dónde van a morir las libélulas?
¿Dónde van a morir las golondrinas? ¿Buscan también las tablas como
hacen los toros y los humanos para morir en paz? ¿Por qué brotan los
limones? ¿Y las moras en las zarzas? ¿Qué fuerza intangible hace que
una nada se transforme en bulbo y éste en un fruto? No me creo nada.
Un aplauso al Universo, supremo bromista y dios de la vida y
la muerte. Pero no olvidemos que...No sé, se me olvida qué iba a
escribir. Es lo que pasa; la música me hipnotiza y pierdo la cuerda
de la costumbre...la costumbre, esa cuerda de esparto que se ajusta al
cuello y nos tira como a esclavos antes de subir al barco traficante.
Mañana será otro día. Sí, si se vive. Para los que no despiertan, no.
Y para los que están dormidos, da igual que amanezca porque seguirán
en la oscuridad. Más o menos como los demás, pero un poco más lejos de
la luz. O eso dicen algunos. Repito que no soy místico, ni muchísimo
menos. Por favor. Pero algo hay que pensar. Algo hay que creer. Sí. De
ésta sale un guión. Ay, pero los guiones hay que escribirlos, no basta con
pensarlos. O sea, como la vida, que hay que vivirla, no sólo imaginarla .
Friday, June 20, 2008
CUMPLEAÑOS FELIZ
Ayer celebré mi primer cumpleaños en Los Angeles. Fue un día precioso,
para recordar. Amaneció hermoso, como siempre. Y me dediqué a celebrar
mi día. Desayuno tranquilo en el Starbucks, lectura del New York
Times. Hablar con mis padres por teléfono—el mejor regalo—... Emails y
llamadas de amigos... Luego me hice un regalo de material de pintura y
me fui a ver el partido de la Eurocopa, Alemania-Portugal. Lo escuché
sin sonido, con la música de mis películas favoritas a tope. Fue un
subidón y disfruté como un enano. Luego, a toda pastilla en mi
superbici a recoger la tarta que dejé encargada en la Panadadería
Guatemalteca. Pastel tres leches le llaman. Y con pastelón en una
bolsa colgando de una mano y subido a la bici, temperatura 30 grados,
y jugándome la piel me volví a casa (pequeño choque con un coche que
salía de un callejón sin mirar, como andan por aquí; menos mal que
tengo los reflejos y el equilibrio bien —será el Tai-Chi— porque logre
frenar y mantener el equilibrio sin que la tarta se me desparramara.
Le di un golpe en la puerta pero leve. "Hay que ir más despacio", me
dice el pavo que iba de copi. "Y tú a mirar dónde vas", le dije. No
pasó a mayores. Llegué a casa chorreando. Segunda ducha y a comer. A
un bistro francés que hay aquí; "Le Figaro". En la terraza, en la
calle. Calor pero a la sombra: me encanta. Me comí una ensalada con
queso de cabra, una copa de vinito blanco de Napa... y feliz de la
vida. Degustando, escribiendo cosas, leyendo el periódico. El cielo en
mi bolsillo. Cuando el sol empezó a colarse por debajo y quemarme las
puntas de los pies —estrenaba chancletas guapas— pagué, me levanté y
fui a la libreria. Compré un libro para una compañera de clase de
interpretación que creo que le vendrá bien y pa casa. Me bajé el
portátil a la piscina. Zambullida refrescante, tirada en la tumbona y
más musica en los cascos. Joder, esto es vida. El sol ya cayendo por
el Oeste se filtraba entre las palmeras y la cristalera que recubre la
pileta; los reflejos del agua eran como luces de discoteca suaves. A
las 5:30 para el apartamento. A cambiarme y a clase de interpretación
tartón en ristre. Clase —con buena charla y buen monólogo— pizza y a
comerse la tarta. Me cantaron el Happy Birthday, soplé la velita y
pedí mi deseo. A las 11 para casa con Dale (también está en clase); el
150, luego la Línea Roja y a las 11:50 estaba en Sunset y Vermont. Me
acerqué a comprar zumo, pero estaba el super cerrado ya. El Rite Aid
estaba abierto y entré a por agua. Y vi la heladería que tienen allí,
24 horas open. Habrá que acabar bien mi día pensé. Y me pedí dos bolas
de helado que resultaron ser enormes. Con mi agua, el trozo de
tarta que quedó metido en un tuper y mi helado me fui para casa. Me
senté en el pretil de fuera antes de entrar—qué rico estaba el helado—y me lo
zampé para dar por concluido este día tan precioso.
¡¡¡¡¡¡¡¡UUMMMMMMMMMMMMMMM!!!!!!!!! Que sean así por muchos años. Amén.
para recordar. Amaneció hermoso, como siempre. Y me dediqué a celebrar
mi día. Desayuno tranquilo en el Starbucks, lectura del New York
Times. Hablar con mis padres por teléfono—el mejor regalo—... Emails y
llamadas de amigos... Luego me hice un regalo de material de pintura y
me fui a ver el partido de la Eurocopa, Alemania-Portugal. Lo escuché
sin sonido, con la música de mis películas favoritas a tope. Fue un
subidón y disfruté como un enano. Luego, a toda pastilla en mi
superbici a recoger la tarta que dejé encargada en la Panadadería
Guatemalteca. Pastel tres leches le llaman. Y con pastelón en una
bolsa colgando de una mano y subido a la bici, temperatura 30 grados,
y jugándome la piel me volví a casa (pequeño choque con un coche que
salía de un callejón sin mirar, como andan por aquí; menos mal que
tengo los reflejos y el equilibrio bien —será el Tai-Chi— porque logre
frenar y mantener el equilibrio sin que la tarta se me desparramara.
Le di un golpe en la puerta pero leve. "Hay que ir más despacio", me
dice el pavo que iba de copi. "Y tú a mirar dónde vas", le dije. No
pasó a mayores. Llegué a casa chorreando. Segunda ducha y a comer. A
un bistro francés que hay aquí; "Le Figaro". En la terraza, en la
calle. Calor pero a la sombra: me encanta. Me comí una ensalada con
queso de cabra, una copa de vinito blanco de Napa... y feliz de la
vida. Degustando, escribiendo cosas, leyendo el periódico. El cielo en
mi bolsillo. Cuando el sol empezó a colarse por debajo y quemarme las
puntas de los pies —estrenaba chancletas guapas— pagué, me levanté y
fui a la libreria. Compré un libro para una compañera de clase de
interpretación que creo que le vendrá bien y pa casa. Me bajé el
portátil a la piscina. Zambullida refrescante, tirada en la tumbona y
más musica en los cascos. Joder, esto es vida. El sol ya cayendo por
el Oeste se filtraba entre las palmeras y la cristalera que recubre la
pileta; los reflejos del agua eran como luces de discoteca suaves. A
las 5:30 para el apartamento. A cambiarme y a clase de interpretación
tartón en ristre. Clase —con buena charla y buen monólogo— pizza y a
comerse la tarta. Me cantaron el Happy Birthday, soplé la velita y
pedí mi deseo. A las 11 para casa con Dale (también está en clase); el
150, luego la Línea Roja y a las 11:50 estaba en Sunset y Vermont. Me
acerqué a comprar zumo, pero estaba el super cerrado ya. El Rite Aid
estaba abierto y entré a por agua. Y vi la heladería que tienen allí,
24 horas open. Habrá que acabar bien mi día pensé. Y me pedí dos bolas
de helado que resultaron ser enormes. Con mi agua, el trozo de
tarta que quedó metido en un tuper y mi helado me fui para casa. Me
senté en el pretil de fuera antes de entrar—qué rico estaba el helado—y me lo
zampé para dar por concluido este día tan precioso.
¡¡¡¡¡¡¡¡UUMMMMMMMMMMMMMMM!!!!!!!!! Que sean así por muchos años. Amén.
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