Monday, May 26, 2008
MIS LIMONES
hijitos en fase gestacional. Huelen increible. Me encantan. Mi limón,
mi limonero...
ESTRENO
bien. Éxito total. La sala estaba a rebosar y nos ha quedado guay. Es
interesante ver todas las cosas que pasan tras los bastidores y cómo
se solucionan. Por ejemplo, esta noche, en una de las salidas de
varios actores, he pisado la cortina de la puerta de salida y se ha
desenganchado de los clavos, dejando el backstage, el trasbastidor, al
aire. Afortunadamente entre Tony, uno de los compas, y yo hemos tenido
la sangre fría de volver a colocarla en un momento en que el escenario
estaba un poco más oscuro. Elvi, una amiga que ha ido a verme, me ha
dicho que ni se ha enterado. Esa es la belleza de los fallos
teatrales: sólo los actores se dan cuenta.
Luego hemos tenido una pequeña fiestecilla con unas birras y patatas
fritas (es una megaproducción, como podéis colegir) y a las doce y
media me he cogido el metro y pa casa. Ahora estoy viendo la
repetición del partido de la NBA que han echado a la tarde y no he
podido ver. Mañana aquí es fiesta. La vida es bella.
Tuesday, May 20, 2008
CHEZ MOI (MI CASA Y YO)
desenfocas pero...). Para que tengáis contexto y tal y tal....Je. Je.
Je. La pinta barbuda es para el papel de Abraham Pereira en Spark of
Reason.
DARK SIDE OF THE MOON
este domingo. No hay diálogo y contamos una historia sólo con
movimientos y expresiones corporales al son de la música de PF. Esta
muy bien. Llevamos ya dos semanas de ensayos, estamos en la recta
final, y de momento me divierto. Soy un poco como el padre de todos
los demás porque en general son gente jovencita pero hay buen rollo,
aunque todo llegará, porque me conozco estas cosas. Aunque quizás esta
vez sea diferente, ¡¡¡¡biennnnnnn!! Disfrutaré mientras pueda.
Y el domingo concluimos las representaciones de The Spark of Reason,
la obra sobre Baruch Spinoza, el filósofo racionalista. Estuvo bien,
la mejor de las tres que hemos hecho, aunque siempre bajo un aura
bastante rígida y, a mi parecer, excesivamente grandilocuente. Bue
material pero demasiado pomposo. Habría que pulir ese guión un poco
más porque hay cosas muy buenas, y la idea también me gusta.
Saturday, May 17, 2008
AUTOBUSEROS DEL INFIERNO EN LOS ANGELES
un 80 por ciento son los menos profesionales, mas maleducados y
peligrosos que he visto en mi vida. Tratan a la gente como si fuera
medio escoria. Y ellos se comportan igual, como si tuviesen un trabajo
que les da asco y quisieran salir de ahí cuanto antes. En ese
contexto, cada pasajero se convierte en enemigo. Llevo aquí cuatro
meses pero acumulo ya muchas historias que me dejan alucinado. Desde
los que no paran en las paradas porque les corre prisa llegar al
depósito (no sé muy bien si al de autobuses o al de cadáveres), hasta
los que te insultan, pasando por los que van conduciendo y hablando
por el móvil o paran el bus, se bajan y se van a comprar un paquete de
patatas fritas y una coca cola ( y conducen comiendo, el volante en
una mano y las papas en la otra).
La otra buena es que en el 90 por ciento de los casos nunca, NUNCA
paran donde está la fila de gente: o 10 metros antes o 10 después,
haya gente en silla de ruedas, ancianos o lo que sea. Alucinante.
La última me ha pasado esta tarde. Venía de un casting cerca de los
estudios Universal, en Universal City (Burbank ). Pillo el 163 de
vuelta por los pelos; salgo del casting hablando con este chico iraní
que he conocido,Arman, y veo el bus que llega. A toda fostia cruzo la
carretera (cuatro carriles) en ambar-rojo. A toda leche porque el
siguiente no pasaba hasta dentro de una hora y no era plan estar
esperando bajo un sol de justicia en tierra de nadie—allí no hay nah—.)
Así que tomo el 163. No problem. Cruzamos las colinas por el paso de
Cahuenga y llegamos a Hollywood y Highland (aquí va todo por
intersecciones). Última parada. Este conductor era bastante majo,
normal. Sin más. Me voy a la parada del 217, que supuestamente me
lleva hasta mi calle. Un calor achicharrante en mitad de Hollywood
Boulevar. Turistas a tutiplén. Las inglesas rositas, como en Benidorm,
y las mexicanas al McDonalds, a comer. En medio el tropel de
vendedores que te quieren clavar un tour por las casas de los famosos:
si les dejas te endilgan un puerrillo de recorrido por un pastón.
Tienen más labia que Bill Clinton después de dos guiskis, que ya es
decir. Un par de mujeres armenias esperan al bus también. Aquí hay
muchísimos armenios. Casi más que en Armenia propia, y no lo digo en
broma. Llegaron cuando el genocidio turco en los años 1920 y luego en
la diáspora postsoviética. Un calor achicharrante. Sale humo de las
estrellas de la acera. La de Marilyn Monroe se derrite frente al
McDonalds mientras las jóvenes con sueños de cristal se hacen fotos
agachadas y apuntado con el dedo el nombre de la diva muerta. Llega el
217. Salvados. Entramos. Aire acondicionado. Ahhhhhh. Ufff. Qué
alivio. Mi reino por una toallita. No problem. En seguida nos
amoldamos al frescor. De repente, el conductor para el bus y dice:
última parada. Estamos a 2 kilómetros de la mía, a la que se supone
llega el 217. Las mujeres armenias no entienden muy bien lo que pasa y
se miran y se preguntan algo. Una hace ademán de preguntarle al
conductor si éste no es el 217 pero no acaba la frase. Resignación
soviética. Nadie más dice nada y como borregos abandonan el bus.
Resignación usamericana. Yo me acerco al chófer y le pregunto
amablemente: ¿este no es el 217? "Bajen del autobús" me dice
imperativamente, sin mirarme a la cara y apuntando con el dedo afuera.
Como si yo no existiera. Le vuelvo a preguntar: ¿pero no es este el
217? Respuesta idéntica, gafas de sol, visera y la misma frase
estúpida y robótica: "Bajen del autobús". Yo ya medio mosqueado me doy
cuenta de qué va el tío y le vuelvo a hacer la pregunta pero sin
levantar el tono. El tío me aparta y me dice que me baje y que mire la
señal. Hay gente bajando, no tengo sitio. Le digo que espere a que
bajen los que van delante mío. Me quiere apartar y le digo que no me
toque. Me dice gritando que me vaya a tomar por culo y que me baje de
su puto autobús (utilizo las traducciones más adecuadas para los tacos
e insultos que ha lanzado). Le digo que el autobús no es suyo, que es
de todos. Me dice que soy un jodido anormal y que el también paga
impuestos. Se va hacia detrás del autobús. Le digo que yo por lo menos
no insulto a la gente. Se viene hacia mi y me vuelve a gritar que él
también paga impuestos y que soy un jodido anormal. Ya fuera, le
replico tranquilamente mirándole a la cara y marcando las palabras:
"pero por lo menos yo no insulto a la gente. Y eso me hace mejor
hombre que tú". Y me largo.
Así.
También hay conductores majos y serviciales, gracias a Dios. Pero como
digo, una gran mayoría son lamentables. Como si estuviesen en trabajos
forzados. Como la mayoría de la gente que usa el sistema público de
transporte es inmigrante y gente con pocos recursos, yo creo que están
acostumbrados a tratar a la gente como quieren. Conmigo tienen fiesta.
Lo mejor es que no me ha agobiado para nada el tema. Otra experiencia
más. Y contando.
Gero arte.
Tuesday, May 13, 2008
BAJO LLUVIA: REFLEXIÓN NO EN LOS ANGELES PERO QUE VALE IGUAL (O MÁS)
BAJO LLUVIA
Camino bajo la lluvia, hundido,
el torrencial crea riachuelos de barro a mis pies;
siento un hilillo de agua descender por
mi espina dorsal.
Me siento bendecido por la vida.
Calado hasta la médula
alzo los brazos al cielo y
viajo hacia adentro. Doy gracias por
esta oportunidad; los helechos, el barro,
mis lentes empañadas, mis ojos aclarados.
Todo marcha, todo va y vuelve. Todo está en la vida.
Todo está bien; basta con abrir los ojos del alma.
Me alcanza la pregunta:
¿Un indígena expoliado en la Amazonia;
una madre con SIDA en Zimbabue
se sentirán bendecidos?
No tengo respuesta.
Respiro hondo.
Empapado, sigo adelante.
ELUCUBREISHON
Babble, "Hamlet" en la mano y un platillo con un muffin de chocolate
al lado. Cuesta mantener la atención; el café está tranquilo bajo la
luz mortecina, pero hay un tipo en la otra esquina que habla para todo
el mundo, como si estuviera encima de un escenario. Vivo en Los Feliz,
un barrio imitación de el Village de Nueva York, con un aura de
verdadero barrio, alejado de los cuadrados aburridos y vacuos que
conforman grandes nichos de esta ciudad. Aquí se puede andar: del café
al cinecillo de al lado; del cinecillo a la librería con olor a papel
antiguo y lápices de madera; de la librería al Fred 62, un
restaurantete abierto 24 horas al día con unos batidos fetén y
camareras vestidas de negro, marcando pechamen y medias rotas; del
Fred 62 a Machos Nachos, el antro de comida usamexicana de la
encrucijada Vermont Avenue y Prospect Avenue, al ladito del lavacoches
industrial (ruido a gogó, pero unos tacos y enchiladas muy ricos); del
Machos Nachos se puede ir al Starbucks a tomar un café enciclopédico o
al restaurante Vermont (otro día). Y así... Hasta tenemos el New York
Times. El paraíso no está lejos.