cuartel general del partido Demócrata en Los Angeles. He abierto el
email y me encuentro un email de Barack Obama. El email que ha mandado
a los voluntarios que hemos trabajado en su campaña, justo antes de
dar su discurso de victoria. La verdad es que emociona. Un email
escueto, pero directo, profundo y agradecido. Por eso ha ganado.
Porque ha sabido inspirar, re-inspirar a millones de personas. No soy
especialmente amigo de los políticos, pero aquí hay algo especial—al
menos de momento— y hay que aprovecharlo y disfrutarlo.
Vaya día. Habré hecho más de 100 llamadas a varios estados disputados,
desde las 11 hasta las 6, aparte de otras cosas, en un ambiente
eléctrico. Centenares de personas llamando por teléfono con una
organización y una entrega absolutas. Una campaña centrada, decidida a
ganar. Estos americanos, cuando se lo proponen, saben cómo hacer las
cosas. Hay dinero, claro, pero en este caso ha habido mucha más pasión
que nada. Era algo que te dejaba tocado. Y cuando los resultados han
empezado a llegar y se veía que iba ganando, todavía entonces, una
hora más de llamadas a Iowa para sacar a votar a todo el mundo (aquí
no hay jornada de reflexión y se hace campaña hasta en el día de la
votación). Todo el mundo centrado. Ahí sí, ahí me he escapado a la
gran sala donde luego ha sido la celebración con pantallas gigantes,
algún discurso (pocos afortunadamente) y las conexiones con los
discursos de McCain y Obama. Luego bailoteo, fiesta con los de la
campaña en una suite, un poco de pizza, más resultados (ya puliendo el
tema porque el resultado está decidido), buena conversación política y
a casa.
Y encima, en mitad de la celebración, me llama mi agente y me dice que
he conseguido otro anuncio. Y encima este anuncio que voy a hacer me
va a permitir sacarme la tarjeta del sindicato, imprescindible para
trabajar en cosas serias (series de TV, pelis etc.). Esta tarjeta es
como una llave que si no tienes no puedes entrar en ningún lado. Y
normalmente cuesta UN GUEVO conseguirla. Vaya subidón. Mi segundo
anuncio en dos meses y encima el premio de la tarjeta sindical. Y
Obama gana (y yo que participo en ello). Joder. Qué bien.
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