Wednesday, October 29, 2008

OBÁMANOS

Este es el grito de guerra de los "latinos" por Obama. ¡Vaya campaña!
Con ésta son ya cuatro las campañas presidenciales USA que he vivido
en directo y es la más interesante con mucho. Todas lo parecen cuando
estás metido en ellas; me acuerdo de la primera de Clinton con Bush
padre, cómo nadie daba un duro por aquel gobernadorcillo de Akansas
que nadie conocía (un tipo a la Palin, con la gran diferencia de que
Clinton había leido y viajado y se había informado de que tras los
océanos hay otros países, mientras que Palin, hasta que llegó la nave
espacial McCain para abducirle del polo norte y descenderla en
Washington, era feliz matando renos y vigilando que la cabeza de Putin
no se elevera sobre el cielo de Alaska y pum.... (palabras más o menos
textules; más más que menos)) y le comió la tostada a papabush.

Pero la de ahora es histórica por el factor raza (primera persona de
color aspirante a presidente en USA —y en todo el mundo occidental—) y
por momento en que ocurre —la mayor crisis económica de la posguerra.
Además tenemos el tsunami constante de información por todos los
medios (prensa, tv, internet, radio) que nos bombardea y entretiene a
todas horas. No sé qué voy a hacer después de la elección por las
tardes. Ahora me encanta sentarme delante de la tele a ver los
diversos programas que cubren la campaña, especialmente los de MSNBC,
que son probamaistas y tienen dos o tres presentadores absolutamente
magníficos. La televisión aquí no tiene nada que ver con la allí, al
menos en lo que se refiere a los programas de análisis político.
Primero, hay tropecientos, y segundo, hay bastante morralla en cuanto
a sesgo y tratamiento distorsionado, pero también hay bastantes que
hacen un trabajo excelente día a día. Cierto que sigue habiendo mucho
peso pesado de la tele que es incapaz de hacer una pregunta dura,
directa o de rebatir con algo evidente y crítico al entrevistado (su
cooptación por el sistema—que están conchabados, por decirlo de alguna
manera— es evidente). Pero hay otros que son muy críticos, al menos
con los republicanos y mccainitas. Hay un tipo que se llama Keith
Olberman que es lo mejor que he visto en reportaje político-satírico.
A veces se pasa un poco de rosca, pero le he visto hacer dos o tres
comentarios especiales —cuando da su opinión editorial sobre un tema
dando un discuso-comentario—absolutamente espectaculares.

Aquí ahora lo que queda son 6 días en los que los demócratas van a
estar cagados...por miedo a cagarla. Y los republicanos van a estar
cagados porque ven que se acerca el día en que van a recibir la peor
derrota en 40 años...salvo que los demócratas la caguen por tercera
vez consecutiva. Son especialistas en hacer campañas cutres y en tirar
por la borda la ventaja acumulada. Primero fue Carter, que después de
aventajar claramente a Reagan en las encuestas, se hinchó de
cacahuetes, le entró alergia al Despacho Oval y abrió la puerta a la
involución conservatriz de la extrema derecha Reaganita. Luego fue
Michael Dukakis en 1988, que hizo lo mismo —echar por la borda su
mejor posición—y dejarse ganar por bushpapá. Gore tiene el recórd
olímpico de elecciones cagadas en los últimos 40 años. Lo tenía a
guevo, pero a guevo en 2000 y lo perdió. La excusa de que ganó el voto
popular pero el colegio electoral y el Tribunal Supremo le regalaron
el voto a Bushijo es buena, pero el hecho de que su carrera fue
paupérrima y permitió que un cretino como bush le ganara en la foto-
finish —aunque se equivocaran los jueces— está ahí. Lo de Kerry en
2004 ni comentar. Recuerdo que le vi en debates por la tele y daba
grima. Con el país en guerras descendente —ya se veía lo que estaba
pasando en irak y afganistán—no tuvo agallas para enfrentarse a Bush y
la gente "tuvo" que reelegir a regañadientes a este incompetente: ante
la tesitura de elegir a una copia o a un original, la gente siempre
elegirá el original. Eso es una realidad política que vale en todos
los países y situaciones. Una verdad como un templo, vamos.

Y ahora llega Obama. La verdad es que su mensaje es el más claro y
diferenciado que ha dado un demócrata en todos estos años. Tampoco era
difícil, pero la ineptitud tan supina del bando demócrata siempre
dejaba dudas —por eso el miedo a que la caguen otra vez—. A nivel
internacional, si gana Obama las grandes cosas no van a cambiar mucho.
Quizás su actitud y filosofía sí modifique el hacer EEUU, pero no
estoy seguro de que vaya a hacer nada espectacular. Estos progres
cuando llegan al gobierno se oficializan echando leches (Felipe
González en España, Tony Blair en Inglaterra, Mitterrand en Francia,
etc. Quizás la excepción que veo es la de Zapatero en un principio con
lo de Irak y todas las leyes sociales que ha hecho—alguna bastante
mala, por cierto—). Pero esto es USA y la inercia conservadores es
tremenda, tremenda. Donde más esperanza hay es en el tema de la
seguridad social. Espero que este hombre, si gana, tenga presente que
la gente no le va a votar para que haga amigos con la extrema derecha
cristiana que ha dominado la escena los últimos 30 años, sino que la
gente le habrá votado para que menee un poco el cotarro. La oposición
será enorme, pero también tendría el apoyo de mucha gente (la mayoría
de los periódicos le apoyan, por ejemplo). En fin, muy interesante.
Aunque claro, primero tiene que ganar. Veremos

Saturday, October 25, 2008

JALOGÜÍN

Llega Jalogüín o Halloween como dicen aquí. Hoy voy a un fiestorro de
disfraces que dicen que es espectacular. Según parece va a ir la Gwen Stefani, que me suena a cantante o algo. Unos amigos me han prestado
un traje de Pirata. He estado buscando un loro pero no he encontrado
ninguno libre, estaban todos comprometidos. He hablado con Linus, el
loro de Carl, el portero del edificio, pero me ha comentado que no
puede ir conmigo porque ya está comprometido con la novia de Carl,
Kate, que se va a otra fiesta vestida de Cleopatra, creo.Así que nada, no hay loro. Parche creo que sí y perilla también. Mefalta un poco de sombra de ojos para ir de Jony Dep. Espada tengo,botas y sombrero de plumas también. Barco no, pero de todos modos nocreo que cupiera en la casa. Diré que me lo han hundido o que lo he vendido. (Haré comouna vez que salí en la tamborrada infantil de Zumarraga, con 10 años.Teníamos que ir dos chavales de boxeadores metidos en un ring —el ring, como nopodía ser menos, lo llevaban sujetando de las cuatro esquinas cuatro niñas vestidas de casheritas—. El caso es que mi contrincante, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente, me dejó colgado y no apareció (creo que alegó dolor de tripas. Yo creo que, en realidad, tuvo un ataque de vergüenza mortal). Total, que me pasé toda la tamborrada yo solo levantado el brazo. Al verme pasar solo, todo el mundo se descojonaba —había que verme potolito, con pantalón corto y camiseta interior de tirantes, feliz y radiante, levantando el puño (tengo fotos)— y me decían: "¿Dónde está el otro?" Y yo les respondía exultante: "¡Le he noqueau. Está en el hospital!". Bueno pues hoy haré lo mismo si me preguntan por el loro o por el barco. "¡Me lo he comido frito!". O "¡Lo he vendido al banco!", dependiendo de la pregunta.

Wednesday, October 22, 2008

FOTOS RODAJE NUCLEAR

Estas son algunas fotos del rodaje del corto "NUCLEAR", que hice la
semana pasada.

SIGNIFICADO DE EL ACUARIO

Me comentaba un amigo que no le pillaba el truco a mi relato El
ACUARIO, que he posteado en este blog. Para ser sinceros, tampoco yo
le encuentro un significado muy claro. Sé que es una cosa surrealista
que bordea, sin ninguna pretensión, con el llamado realismo mágico de
los grandes latinoamericanos de la segunda mitad del XX. También sé
que encierra mucha tristeza, porque cuando un pueblo llora tanto como
las gentes de mi cuento, deben estar muy tristes. Probablemente
refleje la tristeza que anidaba en mi inconsciente cuando lo escribí.
También es cierto, como digo en el cuento, que a veces la tristeza y
el llorar son muy gratificantes, no sé si por el simple placer
perverso del sentimiento falso de victimización o porque el llorar y
el dejar vía libre a la frustración y penas que todos acumulamos de
una manera u otra, en un momento u otro, son terapeúticos. O por
ninguna de las dos razones anteriores. Lo más seguro es que esto que
estoy escribiendo ahora también esté relacionado con ese sentimiento
de tristeza. Si estuviera dando saltos y cantando probablemente no se
me ocurriría decir nada de esto. Pero quién sabe. Muchas veces tengo
la impresión de que cualquier pretensión de conocimiento, de
sabiduria, es arena al viento. Mi percepción del mundo es muy
relativista. Pero creo que hay algunas cosas que son pilares
fundamentales para un desarrollo humano y personal saludable. Lo que
pasa es que hay situaciones, momentos, etapas en la vida (¿o es
siempre así?) en que el vendaval es tan fuerte que no sabes muy bien
si el árbol al que te agarras es realmente el más solido o si está
podrido por dentro. Tantos cantos de sirena y tanta indigencia
espiritual que tienes que atarte, como Ulises, a algún sitio en el que
sólo tú confías y crees para no irte por el camino a la perdición.
No sé si he explicado algo del significado de El Acuario, pero me
apetecía escribir algo. Incluso quizás lo necesitase.

Thursday, October 16, 2008

CUANTA ENERGIA DEDICADA A LA MENTIRA. CUANTA CEGUERA

Veo un papel pegado a la farola, de esos con alguna oferta casera y
con esos papelillos con el número de teléfono colgando. "Si sabes de
alguien que quiera ganar o perder peso, yo les puedo ayudar a hacerlo
comiendo lo que quieran". Me pongo enfermo. Otra señal más, otra de
tantas y tantas de la energía, de la dedicación que ponen tantas y
tantas personas a vivir del engaño, de la patraña, de la burla, de la
mentira, del fraude, del robo, del abuso, de la falsedad. Un ejemplo
mínimo de algo cada vez mas frecuente. Y siento asco.

Y reflexiono sobre el miedo de la gente a hablar, a comunicarse a
expresarse, a valorar la vida con toda su maravilla y fragilidad, la
dificultad enorme para comprender y aceptar el valor de lo que se
posee en términos de relaciones, salud, vida y refugiarnos en nuestros
propios laberintos de los que un día saldremos para morir. La cuestión
está en saber si cuando llegue el momento de desaparecer habremos
hecho todo lo posible para vivir. No para ganar dinero ni tener una
casa más grande o una esposa más guapa. Sino para amar y conectarnos,
dar y compartir, ayudar y crecer como personas. Estamos en la sociedad
del miedo, y cuando no hay miedo, hay escapismo, y cuando no hay
escapismo hay culpabilidad, y cuando no hay culpabilidad hay silencio
culpable o miedoso. Saludas y te miran raro. No dices nada y eres
raro. Te muestras vulnerable porque hablas de tu vida y te toman por
débil o por loco. Es gracioso, cómo los valores, los valores sí, se
han tergiversado perversamente en nuestra sociedad. Cuánto ciego hay,
qué ciegos vivimos. Nos creemos inmortales; nos puede la
arrogancia, y sólo porque está cubierta del betún brillante de algún
logro esencialmente banal, no porque valga para nada que no sea una
perspectiva distorsionada de nosotros mismos y de los demás. Tenemos
puestas las gafas al revés. Y por supuesto, nosotros siempre tenemos
razón. Es el tonto de enfrente, el pobre, que no sabe lo que dice, el culpable de mi sensación de vacío. Si yo soy un tío cojonudo. Aunque no haga nada, soy cojonudo. Aunque sólo
me queje, soy cojonudo. Y si no me quejo, más todavía. Por eso, ¿para qué me voy a relacionar con nadie? Si me valgo conmigo mismo. Yo y mi ombligo.  No me hace falta nadie más. Perfecto. Eso sí, cuando el antídoto que creemos tener contra el miedo a vivir se evapora y la losa de la soledad se desploma fría sobre nuestras cabezas, entonces nos acordamos de todas las oportunidades que hemos dejado escapar, algunas tan cercanas y valiosas. Creemos que siempre habrá una más. Pero la seguridad no existe. Entre obviar y ser obviado, la diferencia son cinco segundos, lo que se tarda en cambiar el tiempo verbal. Así es la vida.

Friday, October 10, 2008

CASI COMO EL 11-S

Así es como me siento hoy. No tan shockeado ni tan triste, pero si
impactado y un poco abrumado por lo que está pasando con los mercados.
Estoy preocupado pero me siento optimista. Me parece una locura total
y el 75% de lo que ocurre es puramente irracional, estoy convencido.
Lo mismo que era irracional para alguien con un sueldo de 1500 euros
meterse en un piso o en un chale de 80 kilos de los de antes (más caro
en Urretxu que en Brooklyn , cuando el salario medio en NY es más que
el doble, por no decir el triple del de España era algo alucinante).
Pues lo mismo pasa ahora. Que la gente está
llevando a la quiebra a empresas increibles que, por muy mal que
puedan estar, es imposible que su valoración real sea la que refleja su cotización.
General Motors ha perdido el 90% de su valor desde Octubre del 2007. Como si fuera un
simple taller de reparación. Por muchos problemas que tenga la empresa, estoy seguro, SEGURO, que vale más que eso. Y como ésta, muchas otras, incluídas bastantes bancos (aunque hay algunos cuyos dirigentes bancarios —en EEUU y Europa—que tenían que ser llevados ante los tribunales).

En fin, que la gente, cuando nos empanicamos hacemos cosas que dos
semanas, o dos meses, o dos años más tarde, nos pesan. Y es normal. O
sea, es normal que nos preocupemos y que tomemos decisiones
impulsivas. Siempre digo que yo no soy ningún héroe y la gente normal
tampoco, por lo que pedir nervios de acero cuando vemos lo que estamos
viendo es pedir algo bastante heroico. Cierto. Pero
también es cierto que el mundo no se va a acabar mañana ni el 2009. (Y
mira tú que si se fuera a acabarse de verdad, ¿para qué cojones nos
preocupamos de la Bolsa?). Es comprensible la reacción que estamos
viendo, pero hay que hacer un esfuerzo (todo esto me lo digo a mi
mismo) para arriar velas pero sin romper el mástil sólo porque estemos
en mitad de la tempestad. Ésta pasará seguro. No sabemos si en un año
o tres. Pero que pasa, SEGURO. Lo que no podemos hacer es tirar todo
por la cubierta, porque el viaje va a seguir, para bien o para mal, después del ciclón.

Me acuerdo que el 12 de septiembre de 2001 fue un día esplendoroso,
brillante, soleado. El cielo de Nueva York era de un azul hermosísimo.
Ni una nube. Y en las calles había un silencio casi reverencial. La
gente nos mirábamos con ojos de fraternidad y solidaridad. Hablábamos
con extraños, aunque fuera en tonos muy bajos, como si estuviéramos en
la iglesia, o en un a biblioteca. Y nos comunicábamos. Lo que me hace
sentir ahora como entonces es la necesidad de estar con gente, al
menos rodeado de otros seres humanos. Entonces los restaurantes se
llenaron. La mejor paella de mi vida me la comí con mi sobrino Urko y
mi amigo escultor Larry en un restaurante español, Montero, en el
viejo muelle de Brooklyn. Urko y yo llegamos hacia las 9 de la noche,
exhaustos, después de patear todo el día por los alrededores de la zona cero —hasta donde nos dejaron pasar los tanques— filmando y haciendo entrevistas a las familias de gente que había estado en lastorres. Fue una locura. Lloré. Pero cuando nos topamos con Larry, los tres
nos alegramos de romper el hechizo particular que cada uno arrastraba después de dos días surrealistas. El restaurante a rebosar. No por insensisibilidad hacia
lo ocurrido, sino porque todo el mundo quería estar con gente. Sentir
la vida, no por despreocupación. Así me siento un poco yo hoy. Que caigan las Bolsas es muy dolorosos, pero menos grave que caigan dos edificios, mueran asesinadas miles de personas y se plante la semilla de decenas de miles de muertos más. Pero cuando he escuchado 'Imagine", de John Lennon, me ha venido a la cabeza una imagen de aquel día 12 de septiembre de 2001: atardecer en  el paseo marítimo de Brooklyn, sobre la bahía de Manhattan; al otro lado del río, el distrito finaciero con el vació de las torres; sólo un gigantesco penacho de humo podrido que duraría días. Decenas de personas congregadas para compartir sentimientos y dejar un tributo a las víctimas. El sol brillante se está poniendo por detrás de la estatua de la
libertad. Una bicicleta destartalada apoyada sobre la barandilla, no
veo a su dueño; sobre la parrilla trasera, sujeta con una cuerda de
esparto, una radio desdentada. De repente, empieza a sonar "Imagine".

Por eso me ha venido todo a la cabeza. No es tanto ni tan grave. Pero,
al igual que entonces, tengo necesidad de estar con gente. Aquí no hay
Montero ni paella, al menos que yo sepa. Mi sobrino estará en Zumarraga, y Larry sigue en Nueva York. Me tendré que conformar con un café con leche y una madalena en el café de la esquina. A lo mejor entablo conversación con mi vecino o vecina. Quién sabe. Visto todo lo visto, me conformo. (Por cierto, el café se llama Psychobabble, que quiere decir algo entre "Diarrea Mental" " y "Bla, bla, bla". Casualidad, hace unos años pinté un cuadro que también titulé así: Psychobabble.)

PD. Después de escribir esto y venirme al café, he tenido una conversación con el cafetero, un mexicano muy seco y bastante brusco que hoy tenía ganas de charlar, y con !mi vecina!, una irlandesa que vive en frente mío y hasta hoy no habíamos coincidido. O sea, que a veces lo que se pide se nos concede. ¡Salud y a por ellos!


Tuesday, October 7, 2008

EL ACUARIO


     Desde que entró en el restaurante, el hombre no había parado de llorar. Le había pedido al camarero la mesa cercana al escaparate, la que miraba a la calle, justo al lado del florero gigantesco repleto de plantas tropicales que se inclinaban sobre la pequeña fuente de mármol que daba vida al ala izquierda del comedor.

     Sin parar de llorar, se sentó de cara a la cristalera, observando, entre cataratas de agua salada, el ir y venir de la gente y de los perros. No sabía por qué lloraba, y no quería saberlo. El camarero ni le miró a la cara cuando entró; evidentemente estaba acostumbrado a ver gente llorando descon-soladamente en su restaurante. Además no tenía tiempo que perder porque tenía que vigilar a un señor con parche en el ojo y pintas de pirata que se había sentado en la mesa de al lado del piano de cola. Estaba claro que aquel bucanero estaba esperando una oportunidad para escabullirse hacia el instrumento y ponerse a tocar algún réquiem con sus manos de garfio, cosa que en aquel lugar, a pesar de la epidemia de tristeza, estaba absolutamente prohibido.

      Cuanto más lloraba el hombre, más triste se ponía, lo que hacia que desease llorar aún más. Ya no le quedaban pañuelos para secarse el torrente de lágrimas que le brotaba de los ojos, así que comenzó a utilizar las elegantes servilletas de color de rosas y bordados de abedul que encontró púlcramente dobladas encima de la mesa. Como el camarero no tenía tiempo que perder con este hombre que lloraba tanto, porque tenía que vigilar al pirata, le trajo un menú y se fue sin esperar, no sin antes darle otra servilleta y aconsejarle que moviera su silla un poco más cerca de la rejilla del desagüe, para dar fluidez al proceso de evacuación del río de lágrimas.

      Los efectos de la marea habían comenzado a ser notados por los demás comensales. Por ejemplo, un niño que andaba aburrido por allí mientras su abuela y su madre devoraban una ristra de costillas de venado como si fuera lo último que les quedara por hacer en la vida, hizo trizas el menú y construyó un barquito para hacerlo navegar entre los mares que se habían formado entre las mesas. La intrépida y abstraída abuela, en un descanso de la tripada costillar comenzó a quejarse de que con tanta agua se le iban a mojar las enaguas, y de que no tenía otras, por lo que exigía que cerraran los grifos inmediatamente.

      Completamente ajeno a estos acontecimientos, el hombre seguía llorando a borbotones. Sin embargo, poco a poco empezó a gustarle aquello de llorar. Notaba que era como martirizarse con el cilicio pero sin sangre, una especie de entrega espiritual a uno mismo, una dejación de responsabilidad vital y una inmersión en el pozo transparente de la auto-compasión. Y todo eso sin saber por qué.

      De repente se dio cuenta de que una multitud se había agolpado delante del escaparate y le miraba con curiosidad. Probablemente serían unas 17 personas, 3 niños y 2 perros, un cocker y un huski. Le encantaban los huskis, pero a éste no le podía ver bien, porque se lo impedían las lágrimas. Una chica de unos 15 años tenía la nariz y los labios pintados de morado pegados al cristal, mirándole fijamente a los ojos.

      Finalmente, el camarero vino a anotar su pedido. Llegó subido en la barca de salvamento que el restaurante guardaba siempre para estos casos, que eran cada vez mas numerosos. Tan pronto como el hombre le pidió el bocadillo de lentejas y el estofado de cangrejos venecianos en su salsa, el camarero tomó los remos y se fue a la cocina, donde los cocineros, como caldereros de un barco que se hunde, se afanaban por mantener el fuego vivo entre tanto agua que les llegaba ya hasta los fogones.

      El cocker, aburrido porque no pasaba nada y nadie le daba un pedazo de chorizo, se fue. La multitud también se comenzó a hastiar de aquella escena. Un tipo llorando hasta convertir un restaurante en un acuario, con niño, madre y abuela incluidas, ya no causaba tanta impresión como al principio. Al fin y al cabo, hoy en día cualquiera puede llorar a mares. Uno a uno todos se fueron dispersando. Sólo quedaban la chica y el huski, que a lo mejor iba con ella, pero no era seguro. El hombre seguía llorando, ya casi con el agua al cuello, encantado de lo bien que le salía. Desde que había aprendido a llorar la vida era más sencilla, menos tensa, más agradable. Qué bien.

      Llegó el camarero con la comida. Justo en el momento en que empezaba a zamparse el entremés de lentejas, entraron en el restaurante la joven y el perro; por la manera en la que se conducían era obvio que ninguno de los dos había estado antes en un local de tanta categoría. Lentamente, con timidez, se acercaron a su mesa.

      "Hola", dijo la chica. El perro se rascaba la oreja mientras esnifaba con cierto aire de desprecio al aromático estofado de cangrejos que aguardaba encima de la mesa.

      "Hola", respondió el hombre, sonándose los mocos con la parte baja del mantel.

      "¿Nos dejas llorar contigo?" preguntó la chavala.

      "Claro, por supuesto. Llorar es libre", respondió él.

      Y la chica y el perro se sentaron a la mesa y comenzaron a llorar desconsoladamente, sin que el camarero, que seguía sin quitarle el ojo de encima al pirata, les prestara mayor atención.

      A la abuela, la cosa le hizo menos gracia, porque el agua le había empezado a llegar al sujetador, y no le quedaba otro para recogerse sus ampulosas tetas, por lo que sin esperar a la madre, que había ido al servicio a hacer sitio para el postre de arroz con leche que había pedido, agarró al niño, con barquito y todo, y se lo llevó de allí en el flotador que siempre llevaba en el bolso para situaciones de emergencia.

      "Abuela, abuela, yo también quiero llorar", gritaba el niño.

      "Aquí no, en casa", respondió la abuela.

      Cuando la madre del niño, y niña de la abuela, regresó del servicio y vio que se encontraba sola y sin arroz con leche, sintió una tristeza muy grande y decidió que sería bueno desahogarse con alguien. Nadando se acercó a la mesa donde estaban el hombre, la niña de 15 años y el huski, llorando a trío de una manera perfectamente sincronizada y alegre.

      "¿Puedo llorar con vosotros?" preguntó, muy seria.

      "Claro. Acércate. Llorar es libre", respondió el can, que de joven había estudiado literatura, y entendía mucho de política.

      Y la madre, agarrándose al mantel, se subió encima de la mesa, que por ahora estaba flotando a la altura de la copa de las plantas tropicales, y se puso a llorar.