impactado y un poco abrumado por lo que está pasando con los mercados.
Estoy preocupado pero me siento optimista. Me parece una locura total
y el 75% de lo que ocurre es puramente irracional, estoy convencido.
Lo mismo que era irracional para alguien con un sueldo de 1500 euros
meterse en un piso o en un chale de 80 kilos de los de antes (más caro
en Urretxu que en Brooklyn , cuando el salario medio en NY es más que
el doble, por no decir el triple del de España era algo alucinante).
llevando a la quiebra a empresas increibles que, por muy mal que
puedan estar, es imposible que su valoración real sea la que refleja su cotización.
simple taller de reparación. Por muchos problemas que tenga la empresa, estoy seguro, SEGURO, que vale más que eso. Y como ésta, muchas otras, incluídas bastantes bancos (aunque hay algunos cuyos dirigentes bancarios —en EEUU y Europa—que tenían que ser llevados ante los tribunales).
En fin, que la gente, cuando nos empanicamos hacemos cosas que dos
semanas, o dos meses, o dos años más tarde, nos pesan. Y es normal. O
sea, es normal que nos preocupemos y que tomemos decisiones
impulsivas. Siempre digo que yo no soy ningún héroe y la gente normal
tampoco, por lo que pedir nervios de acero cuando vemos lo que estamos
viendo es pedir algo bastante heroico. Cierto. Pero
también es cierto que el mundo no se va a acabar mañana ni el 2009. (Y
mira tú que si se fuera a acabarse de verdad, ¿para qué cojones nos
preocupamos de la Bolsa?). Es comprensible la reacción que estamos
viendo, pero hay que hacer un esfuerzo (todo esto me lo digo a mi
mismo) para arriar velas pero sin romper el mástil sólo porque estemos
en mitad de la tempestad. Ésta pasará seguro. No sabemos si en un año
o tres. Pero que pasa, SEGURO. Lo que no podemos hacer es tirar todo
por la cubierta, porque el viaje va a seguir, para bien o para mal, después del ciclón.
Me acuerdo que el 12 de septiembre de 2001 fue un día esplendoroso,
brillante, soleado. El cielo de Nueva York era de un azul hermosísimo.
Ni una nube. Y en las calles había un silencio casi reverencial. La
gente nos mirábamos con ojos de fraternidad y solidaridad. Hablábamos
con extraños, aunque fuera en tonos muy bajos, como si estuviéramos en
la iglesia, o en un a biblioteca. Y nos comunicábamos. Lo que me hace
sentir ahora como entonces es la necesidad de estar con gente, al
menos rodeado de otros seres humanos. Entonces los restaurantes se
llenaron. La mejor paella de mi vida me la comí con mi sobrino Urko y
mi amigo escultor Larry en un restaurante español, Montero, en el
viejo muelle de Brooklyn. Urko y yo llegamos hacia las 9 de la noche,
exhaustos, después de patear todo el día por los alrededores de la zona cero —hasta donde nos dejaron pasar los tanques— filmando y haciendo entrevistas a las familias de gente que había estado en lastorres. Fue una locura. Lloré. Pero cuando nos topamos con Larry, los tres
nos alegramos de romper el hechizo particular que cada uno arrastraba después de dos días surrealistas. El restaurante a rebosar. No por insensisibilidad hacia
lo ocurrido, sino porque todo el mundo quería estar con gente. Sentir
la vida, no por despreocupación. Así me siento un poco yo hoy. Que caigan las Bolsas es muy dolorosos, pero menos grave que caigan dos edificios, mueran asesinadas miles de personas y se plante la semilla de decenas de miles de muertos más. Pero cuando he escuchado 'Imagine", de John Lennon, me ha venido a la cabeza una imagen de aquel día 12 de septiembre de 2001: atardecer en el paseo marítimo de Brooklyn, sobre la bahía de Manhattan; al otro lado del río, el distrito finaciero con el vació de las torres; sólo un gigantesco penacho de humo podrido que duraría días. Decenas de personas congregadas para compartir sentimientos y dejar un tributo a las víctimas. El sol brillante se está poniendo por detrás de la estatua de la
libertad. Una bicicleta destartalada apoyada sobre la barandilla, no
veo a su dueño; sobre la parrilla trasera, sujeta con una cuerda de
esparto, una radio desdentada. De repente, empieza a sonar "Imagine".
Por eso me ha venido todo a la cabeza. No es tanto ni tan grave. Pero,
al igual que entonces, tengo necesidad de estar con gente. Aquí no hay
Montero ni paella, al menos que yo sepa. Mi sobrino estará en Zumarraga, y Larry sigue en Nueva York. Me tendré que conformar con un café con leche y una madalena en el café de la esquina. A lo mejor entablo conversación con mi vecino o vecina. Quién sabe. Visto todo lo visto, me conformo. (Por cierto, el café se llama Psychobabble, que quiere decir algo entre "Diarrea Mental" " y "Bla, bla, bla". Casualidad, hace unos años pinté un cuadro que también titulé así: Psychobabble.)
PD. Después de escribir esto y venirme al café, he tenido una conversación con el cafetero, un mexicano muy seco y bastante brusco que hoy tenía ganas de charlar, y con !mi vecina!, una irlandesa que vive en frente mío y hasta hoy no habíamos coincidido. O sea, que a veces lo que se pide se nos concede. ¡Salud y a por ellos!