periodo glacial en la Guerra Fría a un calentamiento cuasi amoroso
entre USA y URSS. De estar al borde de otra "crisis de los misiles"
por el despligue balístico en Alemania del Oeste y la respuesta
soviética en Polonia a, de repente, una entente cordial que me dejó
perplejo. Me acuerdo de estar en la estación de Zumárraga esperando al
tren y leyendo El País y pensando esto mismo. ¿Pero hace dos días no
estábamos casi a punto de darnos de ostias nuclerares y ahora nos
dicen que las relaciones están mejorando? Y no había pasado nada
perceptible para que así fuera. Era como el libro 1984 de George
Orwell (curiosamente, las fechas a las que me refiero eran
aproximadamante esas, 1984-1986 creo). Ahí fue cuando empecé a darme
cuenta —aunque la certeza, más o menos, no la he tenido hasta más
tarde, de cómo nos manipulan, más o menos difusamente, desde las alturas. Y no me estoy
refiriendo a Dios. Recuerdo una miniserie en los 1970, Capitanes y
Reyes, donde al final se mostraba a un pequeño club secreto de
personas reunidas para tomar decisiones que iban a afectar al mundo.
Creo que entonces hablaban de crear una guerra entre USA y España (era
finales del siglo XIX). No es un concepto nuevo este de las élite
secretas que manipulan eventos. El financiero George Soros está
considerado como alguíen que hace dos décadas (no me acuerdo la fecha
concreta, podría ser más tarde) casi lleva a la ruina a Gran Bretaña
por apostar él solo contra la Libra esterlina y dejar al país,
mediante movimientos especulativos, temblando.
Pasó lo mismo poco antes del 11-S (y no me refiero a la teoría de la
conspiración sobre sus autores, que es muy interesante y da casi
terror creérsela). No quiero entrar ahí ahora. Me refiero
sobre todo a que la economí USA vivía el boom de las puntocom. Había
señales de cansancio económico y estaba claro que había una burbuja.
Pero lo que me llamó la atención de una manera clara fue cómo durante
el interim de la elección-designación del presidente USA después del
carnaval bananero de las papeletes de Florida (hubo un mes en el que
no había ganador y el Tribunal Supremo se arrogó la decisión), cada
uno de los candidatos empezó a hablar como si fuera ya presidente.
Pero Bush y sus esbirros (Cheney) se encargaron de repetir y repetir
que la economía estaba mal, muy mal, metiendo miedo a la gente hasta
que al final todo el mundo se lo creyó. Nunca he visto a un presidente (y mucho menos a uno que está en la antepuerta de serlo. Era como si estuvieran diciendo al país: "A lo mejor Al Gore ha obtenido más votos —que los tuvo— pero yo soy el adecuado para sacar al país del lodazal en el que YO os digo que nos vamos a meter". Lo que no decía era que el fondo privado de inversión en el que participa su familia, junto con los reales saudíes, hacía ya más de un año que había empezado a desinvertir en las puntocom) salir a la palestra ANTES de una crisis y decir que el país está en crisis. En la vida. Hasta entonces. Se podrá pensar que el hombre sabía lo que se avecinaba y estaba siendo buen servidor público al decirlo. Pero vistos los movimientos financieros y políticos de la época (intervención inconstitucional del Tribunal Supremo, descalabro bursátil posterior, 11-S y política del miedo) sonaba más a eso, a una estrategia prefijada de atemorizar—para desde el poder hacer lo que beneficiaba a sus colegas oligarcas—que a una de informar y de dar confianza al país.
El caso es que ahora nos asustan con otra Depresión. Quizás sea verdad,
pero al final, esto huele a lo de siempre. Un puñado de élites
plutocráticas se han forrado durante años a costa de expoliar los
mercados y contaminarlos con dinero radiactivo. Y ahora se lavarán las
manos y se irán a casa con millones de dólares en compensación por los
"servicios" prestados (y nunca mejor dicho lo de prestados) y el común
de los mortales, contribuyentes, ahorradores, pequeños inversores etc.
se quedan a limpiar los restos de la francachela y a pagar por los
destrozos causados. Otro legado más del "Final de la Historia"
predicho por el tal Fukuyama, es decir, de la historia entre el modelo
soviet y el modelo Washing. Nos quedamos con éste y se nos están
derritiendo las túnicas de oro chapado con que nos vistieron el
santurrón que nos endilgaron.
Un monumental fraude a escala mundial.